Nos daba miedo la oscuridad. Prende la luz, dijiste, pero era tarde para
creer que en nuestro cuarto pudiera existir algo parecido. Nos tomamos
de la mano y nos perdimos por las calles desiertas de gente.
Es un sueño. Creo que por aquí ya pasamos.
Volvimos
a caminar mientras las sombras penetraban nuestros juegos y recuerdos
infantiles más profundos. La mujer de la luna y el señor de la infinita
tristeza caminando juntos por las calles, valles cloacas, de aquesta
ciudad bestia.
Se valiente, me dijiste.
Mientras. Soltabas mi mano. Se valiente, repicó el sonido en mi cabeza
con un timbre amplificado, por aquellos recuerdos que sabemos serán
eternos.
Una briza levantó el polvo de la
calle, miles, millones de partículas diminutas que amenazaban a mis
ojos rodeaban mi cuerpo. Desos encantos que se dan sin querer. Conozco
la oscuridad por que he visto la luz.
"Toma mi mano, toma mi mano, toma mi mano, toma mi mano"
Repetía a oscuras en mi imaginario.
"Conozco la luz porque he visto la oscuridad."
Decía tu voz o imaginaba.
Nos fuimos perdiendo más en la memoria, mientras escribíamos el cuento de dos niños que se negaban a crecer.
Vamos... ¡¡¡ A robarnos el tiempo!!!
(Parece que dijimos los dos a la vez sin mirarnos y bien sumidos en la oscuridad ahora imaginaria)
Levantaste
la cobija y corriste desnuda por el cuarto hasta llegar al despertador,
lo escondiste muy bien entre tus manos y saliste corriendo. Lo
arrojaste desde el quinto piso. Mirábamos en cámara lenta ese descenso, a
oscuras, siempre a oscuras. Los dos desnudos. Los dos solos.
"Eso no es robarse el tiempo" Pensé para mi, ahora pienso que debí pensar menos cosas para mis adentros.
El
ruido despertó a los perros que comenzaron a ladrar como nunca antes,
aullidos penetrantes como de lobo a luna llena. Quizá lo soñé. Quizá del
reloj broto una de las sangres más preciadas...La fe...
Sonreías
con los ojos llenos, apenas iluminada por una luna menguante. Realmente
lo creías, creías que habíamos matado el tiempo; aunque yo realmente no
hice nada más que narrar tu aventura
Sin embargo. Aún
estás ahí, detenida; recuerdo tu sonrisa ahora lejana y la cara de
satisfacción que solo ponías en momentos muy íntimos (orgasmicos).
Quizá fue tu sonrisa que me dejó encantado.
Quizá te soñé niña crédula esperando un regalo de los dioses.
Quizá me viste de la misma forma.
Quizá sí pudimos robarle algo al tiempo aquella noche.
Pero...
La luz regresó tarde, muy tarde para nosotros.
....
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